lunes, 21 de mayo de 2012

Sunday, bloody Sunday...


Pues no. He buscado por Internet y no he encontrado nada que hable de los asesinatos cometidos los domingos lluviosos. Ni de los divorcios que tienen su génesis en esos días. Aunque, pensándolo bien, quizás sería más fácil encontrar algo sobre los divorcios acaecidos por homicidio involuntario sobrevenido a causa de la enajenación mental transitoria del cónyuge. Sin alevosía. Sin  ensañamiento. Tampoco hay que hacer leña del árbol caído.

Y me extraña que no haya datos, porque a mí, personalmente, me resultaría, en un momento dado, muy fácil convertir un “rainy sunday” en un “bloody sunday”…

Y es que yo sola me voy haciendo la película, desde el mismo instante en que esos hombres y mujeres del tiempo que hay ahora después del telediario, tan dicharacheros ellos, tan clarificadores, tan doctos en la materia, desde el inicio de la semana, te van haciendo el cuerpo para que, aún a pesar de la maravillosa semana laboral que va a hacer, en la que vas a estar la mayoría del tiempo encerrada entre cuatro paredes, sin que te dé un rayico de sol, ni falta que te hace (maldita la gracia que tienen), seas plenamente consciente de lo archiasquerosamente complicado que va a ser el “próximo domingo” meteorológicamente hablando.

Así, desde ese, ya de por sí, “encantador” lunes, empiezo a imaginarme con temor lo que significa para mí que el domingo sea lluvioso.Y en un acto de auténtica candidez saco a relucir toda mi ingenuidad y pienso que no, que se han equivocado, como otras tantas veces, y que el domingo lucirá un sol que partirá las piedras, que para eso ya estamos en Mayo.

Pero los días que siguen te vas cruzando con tus compañeros, amigos, conocidos, vecinos, que parece que se han aliado cual contubernio Judeo-masónico contra ti, y, pobres inconscientes,  poco a poco van aniquilando la poquita esperanza que te quedaba con sus pildorillas sabiondas y te van dando datos concretos sobre el tremendo frío que va a hacer, los chuzos de punta que van a caer y el viento súper-híper-ultra huracanado que va a soplar.

Y llega el viernes y no te hace ni gracia, y casi reniegas de ti misma cuando te das cuenta de que en tu fuero interno desearías que hoy, de nuevo, fuera lunes, con tal de no tener que pasar por el infierno que va a ser tu casa dentro de dos días, con todos los niños encerrados, sin poder poner un pie en la calle, con todo patas arriba, con todos llorando por unas u otra causas, y no haces más que pensar qué podrías hacer para evitar eso, y sabiendo cada vez más a ciencia cierta que no vas a  poder huir de ahí por mucho que quieras…

Y así, cuando llegas a casa y tu marido te espera con una sonrisa, detrás de la puerta, y te pregunta, (oh, inocente!), “¿Querida, qué vamos a hacer el domin…” Tú no le dejas ni terminar la frase y le respondes, casi escupiéndole las palabras a la cara, “¡¡¡Y la llave inglesa te la metes por el culo!!!”


Me extraña que no haya estadísticas, me extraña… 


1 comentario:

  1. Muy bueno! Hay que pensar en positivo... por lo menos ha caído un poquito de agua para los pantanos ;-P

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