lunes, 18 de junio de 2012

¡¡¡7 años ya!!!


Parece que fue ayer cuando estaba en el hospital con unos dolores para morirme (literalmente) y al cabo de 12 horas de sufrimiento, alivio inmediato con la epidural y empujones, nació mi hijita mayor.

El sábado celebramos su séptimo cumpleaños, en casa de los abuelos Paqui y Juan, donde lo hemos celebrado todos los años, a la antigua usanza: bocadillos triangulares de pan Bimbo con jamón york, chorizo y salchichón, gusanitos, patatas fritas, frutos secos, y tarta de chocolate con galletas (por supuesto todo home-made, como manda la tradición).

Otros años esta celebración me estresaba mucho. Eso de ser la anfitriona nunca se me ha dado demasiado bien, me agota solo el pensar que tengo que atender a padres y niños. Pero este año, no sé si porque he llegado arrastrada al día D o porque tengo otras muchas miles de cosas más importantes en qué pensar, como para preocuparme por un simple fiesta infantil, me lo he tomado con mucha calma: que mi Julia, sin decir ni pío, ha invitado a todas las niñas de su clase más a su (dicho por el propio chiquillo) pareja, pues nadaaaa!!!!  Que mis suegros tenían boda y por lo tanto no podían echarnos una mano en el asunto, pues qué se le va a hacer… que no teníamos ni la más remota idea de cuántos niños y mayores se iban a presentar en el evento, pues cuando se terminen las viandas se han terminado, y en paz… y por una vez en mucho tiempo he disfrutado de la fiesta, jorrrrrrr (bueno, dentro de lo que se puede disfrutar teniendo que vigilar a 15 niños de diversas edades, entre ellos a dos diminutas de dieciocho meses corriendo detrás de los mayores). Y es que al final va a tener razón mi marido, los niños disfrutan con cualquier cosilla, en este caso, bañándose en la piscina, simplemente. Sin necesidad de monitor certificado por la ENAC ni de payaso licenciado en Yale, sin tan siquiera preparar un juego para la ocasión…  a lo único más organizado que jugaron fue al “reloj, reloj”, todos a mogollón, en la entrada a la cochera. Y la decoración, ¡¡¡vamos!!! Me llamaron de varias revistas (Nuevo Estilo, El Mueble, Casa y Campo…), pero decliné las ofertas para hacer un reportaje… Arduo trabajo el de mis cuñados Raquel y Enrique, soplando globos y atándolos a un hilo para colgarlos de los árboles y las rejas. Y dale gracias, porque si no llega a ser por ellos, ni eso. Y es que este año, ni vasitos de plástico con motivos infantiles, ni servilletas de la pantera rosa, ni manteles de ningún tipo!!! Simples vasos transparentes y avisando de que había pocos y de que los cuidaran. ¿Y acaso ha habido alguna queja??? A mis oídos no ha llegado dolor alguno ni pitido…  Más bien todo lo contrario.

Y no sabéis qué satisfacción, qué renovada energía resurge del interior, cómo dan ganas de saltar mientras elevas el puño para recogerlo rápidamente en una hiperflexión de codo, cuando después de despedir a todo el mundo y como a hurtadillas, escuchas a tu hija decir inesperadamente: “¡Ha sido la mejor fiesta del año!”


¡¡¡Deseando estoy ya de organizar otra!!!!


Baño pre-fiesta
El primo "Javielll"
Los peques...
Beatriz
Lucía y su mamá
Lucía
Los independientes
El baño de los cumpleañeros

¡Qué bien se lo pasan!!
Abriendo los regalos...
¡¡¡Y más regalos!!!

¡Por fin llega la tarta!

Soplando...
  












Una noble causa

Me siento obligada a escribir este post. Este en concreto. Creo que es una pequeña deuda que tengo. Sí, en serio.


Quizás os parezca una frivolidad, una tontería, pero yo no lo creo así.

Esta es la historia:

En septiembre de 2010 mi marido estaba empezando a ver una serie de televisión que a mí, así de primeras, por el tema que trataba y porque tenía fama de ser muy violenta, no me atraía en absoluto.  Se trataba de “Spartacus: Sangre y Arena”. Él insistió incansablemente recomendándome que la viera porque, según él, estaba muy bien hecha, tenía un formato innovador, se trataba diversos temas sin tapujos, y, además, me iba a gustar mucho el protagonista. Al final me convenció y empecé a ver, con bastante recelo, el primer capítulo.

Sí, el protagonista no estaba mal, pero tampoco era como para tirar cohetes… y el resto de la serie: mucha sangre (me tenía que apartar para que no me salpicara), mucho sexo tratado sin reservas, mucha recreación en los movimientos de la cámara, y, he de decir, bastante poca credibilidad en cuanto a la historia. Este fue el primer capítulo, que no me gustó mucho. Después, el segundo, empezó a mejorar la cosa, y poco a poco me enganché a la serie, aunque el guión era tan intenso y devastador a veces que luego no podía dormir.

En  mitad de la serie empecé a interesarme por el actor principal, que para mí era totalmente desconocido. No era ya solo porque su físico era tremendo (había ido gustándome cada vez más, jeje…), sino porque veía “algo” más en él: riqueza de sentimientos, inteligencia, humildad y sencillez, pues de otro modo sería imposible que le hubiera dado tal fuerza y carácter a su personaje, que hubiera sido capaz de, con un movimiento apenas imperceptible en su rostro, expresar tantas cosas…

Gracias a internet, pronto me enteré,  no solo del nombre de ese actor, Andy Whitfield, sino de su biografía: Galés afincado en Sydney, ingeniero de estructuras, felizmente casado con una mujer aparentemente de lo más normal, padre de dos niños (el mayor se lleva un mes con mi primera hija), amante de las motos. Solo había hecho una película más (“Gabriel”) en 2007, aparte de hacer escuetas apariciones en algunas series australianas y algunos trabajos como modelo publicitario. Además de esto  supe que, desgraciadamente, había vuelto a ser recientemente diagnosticado de Cáncer: un linfoma de no-Hodkings del que había sido dado de alta hacía apenas tres meses, había vuelto a su vida y tenía que ser tratado duramente para combatirlo.

Seguí investigando y descubrí que debajo de esa cara angelical (que para qué vamos a engañarnos, enamoraba a cualquiera), lo que había era aún mejor. Las pocas entrevistas que existen de él así lo demuestran. 

Yo siempre he sido bastante fanática, no lo voy a negar: Sting, Mel Gibson, Burt Lancaster, Marlon Brando… he tenido mis amores detrás de la pantalla durante muuuuuuchos años, pero siempre me había quedado en el personaje,  no había profundizado mucho. Ahora, gracias a estas redes sociales tan maravillosas que existen, y a través de Facebook, conocí a otras personas (locas o no, como yo), de todos los rincones del mundo, con quien he pasado muy buenos ratos hablando de Andy y de otras muchas cosas.

El día 12 de septiembre el corazón de mis nuevos amigos y el mío propio se rompió en mil cachitos cuando nos enteramos de que la lucha de Andy había terminado el día anterior habiendo sido derrotado por esa espantosa enfermedad a sus 39 años. Pero no por eso en Facebook se dejó de hablar de él, todo lo contrario, cada día miles de personas le deseaban lo mejor a su familia y a sus amigos.

Seis meses después, su mujer se dio a conocer, y nos dio una gratísima sorpresa al contarnos que tenía en mente crear un blog para ir contando la vida de su maravilloso marido. Y así fue. El blog comenzó su andadura a primeros de mayo. Y cada día, ella escribe un artículo sobre la vida en general, y nos da lecciones de coraje, valentía, fortaleza, positivismo, y amor, sobre todo, mucho amor, en todo lo que dice y hace. Y de este modo, hemos pasado de ser fans de Andy a ser fans de Vashti (es curioso…). No en vano, esta inglesa, crecida en el seno de una familia hippy totalmente al uso de los setenta, con su furgoneta Volgswagen recorriendo en su infancia medio mundo, es una “coaching” profesional. Su trabajo consiste en hacer que las personas se den cuenta de su potencial personal y les ayuda a quererse más, valorarse más, y les anima a que den “ese paso” para emprender, para realizar lo que realmente quieran.

Personalmente, he de decir que a mí me ha ayudado, (esta página que escribo es vivo ejemplo de ello) y sé que a otras personas como yo también, aunque sea solamente en el hecho de mirar el día a día desde otra perspectiva, intentando disfrutar más de cada momento, porque realmente, solo hay una vida, “Only one life”, como se llama su blog. 

Hace poco nos enteramos de otra gran noticia que nos dejó a todos sus fans boquiabiertos. Resulta que, cuando fue diagnosticado del retorno de su enfermedad, y ante la inexistencia de información acerca, no ya solo de ella, sino de todo lo que era el tratamiento, Andy decidió llamar a una amiga suya, realizadora de documentales, e invitarla a su vida, a su casa, de manera que quedara constancia de todo lo que pasaron tanto él como su familia. ¿Cómo alguien, en su sano juicio, y ante una noticia así, puede tener la sangre tan fría como para hacer que un extraño entre en tu casa y te persiga en todo momento, bueno y malo, con la desinteresada idea de compartirlo con otras personas que puedan pasar por lo mismo???  A mí, personalmente, me maravilla. Yo creo que sería totalmente incapaz de hacerlo.

El caso es que ahora, para la producción y post-producción del documental hace falta mucho dinero, y se ha pedido ayuda para recaudarlo.

Y yo me veía en la obligación de hacer algo para devolver un poquito de lo que he recibido. En agradecimiento.

De ahí que me atreva a presentaros esta página donde se puede ver un tráiler del documental y toda la información en caso de querer donar algo para la causa.


"Be Here Now - the Andy Whitfield Story"

Y esto es un vídeo que ha hecho una de las fan de Andy, Luisa, con las fotos que le hemos enviado. Entre ella y su hermano han compuesto y grabado la canción que suena.

Life Happens only once

Y podéis ver la noticia que cuatro.com ha publicado a partir de la carta que les escribí sobre "Be Here Now": noticia cuatro.com



sábado, 9 de junio de 2012

La Teoría de la Relatividad


Cuaderno de notas de Albert

Dicen que Einstein creó la Teoría de la Relatividad para resolver la incompatibilidad existente entre la mecánica newtoniana y el electromagnetismo. Dicha teoría trata de la física del movimiento de los cuerpos en ausencia de fuerzas gravitatorias. ¡¡Qué poco sabía Einstein la cantidad de sucesos a los que se puede aplicar su teoría!!!


 Esta semana ha sido la Feria. Y el miércoles, víspera de fiesta, dejamos a los dos niños mayores en casa de mis suegros. Es decir que estamos pasando cuatro días con tan solo las dos gemelas.

Cosiendo en la terraza



¡¡Y nos sentimos libres!! ¡¡Y podemos hacer cosas!! ¡¡Podemos atenderlas mejor!! Esta tarde, sin ir más lejos, he podido coser varias prendas que llevaban MESES esperando!!  

 Les hemos dado de comer a las niñas sentadas en la mesa, porque podíamos estar cada uno en exclusiva con cada una de ellas.
¡Ay, qué mayoressss!!!

Bueno... no tanto, que se cuelan!!!

Y ahora mismo estoy sentada con las gemelas en el salón!! Eso sí luego voy a tener que llamar a una retro excavadora para que venga a recoger todos los miles de juguetes que han puesto por el suelo… Pero al menos me dejan escribir algo!!! Y además, las veo más tranquilitas…

Pelín grande, no???


¡¡¡Dame un besito!!!
  Y el jueves fuimos a darnos una vueltecita por ahí, para ver el ambiente ferial, y ellas se lo pasaron muy bien, porque las dejamos que andurrearan por aquí y por allá en una calle peatonal, mientras su padre y yo departíamos mientras dábamos buena cuenta de una sabrosísima cerveza.

Relucen más que el Corpus Christi...

¿Queréis hacer el favor de sentaros???

Así está muuuuucho mejor (si no fuera por el chupe)...
Es muy curioso como, pues, la misma teoría que lanzó Einstein en 1905, es la que puedo aplicarme a mi misma, a nosotros mismos estos días, porque además nos sentimos como si fuéramos dos cuerpos ausentes de fuerzas gravitatorias y eso que tenemos a dos niñas de año y medio con nosotros. Es lo que tiene esta vida. Cuando tienes un solo hijo te agobias, te abrumas, todo te supera, no tienes tiempo para nada que no sea atender a ese niño. Cuando tienes cuatro niños piensas en lo fácil que era criar a solo uno, atender a solo uno, cuidar a solo uno. Pero lo haces con cuatro. Más dificultosamente, pero lo haces. Luego te encuentras en la calle con esos amigos que solo tienen un niño y te preguntan cómo lo haces si ellos están totalmente agobiados, y no sabes qué responderles porque te acuerdas de que tú has sentido exactamente eso mismo tiempo atrás.

Y eso te hace pensar mucho, y cuando te sientes mal o triste o asqueado no tienes más que pensar que todo, absolutamente todo, es relativo, y que siempre, indefectiblemente, habrá alguien que estará peor que tú.  

                                  

martes, 5 de junio de 2012

Un día en las marionetas


Y digo yo, ¿para qué se me ocurre a mí inventar?, ¿por qué no me estaré yo quietecita y calladita alguna vez? Pues no va y se me ocurre ayer tarde llevar a los niños a la Plaza Birrambla a ver un teatro de marionetas???? ¡¡Ea!!

Las gemelitas se levantaron de la siesta a las cinco y media, de un mal humor…!!! Sobre todo Beatriz, que no había quien se acercara a ella. Venga a llorar y llorar… no quería merendar, no quería que la cogiera, no quería estar en el suelo, no quería jugar, no quería dormir… ¡¡¡¡Aaaaaaaahhhhh!!!

¡¡¡Hala, niños, a la calle!!!

-         Noooooo, a la calle nooooooo, que yo quiero ver dibujitos, ¡¡¡que no he visto ningunos!!! – dice Juangui. Lo que más me gusta de todo es lo bien que mis hijitos acogen mis propuestas...
-         Pero hijo si después de comer has visto muchos y ahora llevas ya media hora viendo la tele…
-         Noooooooo… no he visto nada… - ¡¡lo que hay que escuchar!!
-        ¿No quieres ir a ver las marionetas, que son tan bonitas??
-         ¿cómo son? ¿Como las de mi cole?
-         Sí, como las de tu cole, igualitas, igualitas… – y yo qué sé cómo son las de tu cole ni cómo son las que vamos a ver…

Cojo a las pequeñas, después de darles la merienda, y voy a cambiarles de ropa. Hoy las voy a poner guapas, que vamos al centro, y además, ¡¡es Feria!! Le pruebo un vestido a Lucía y le está muy apretado de sisas. Como se lo deje le va a hacer rozaduras y todo a la pobre, así que le pruebo otro más grande pero no me gusta nada cómo le queda, y el tercero que le pruebo ya me gusta más. ¡¡Menos mal!! lo peor es que seguro que dentro de unos años le regañaré a la chiquilla cuando se pruebe medio armario para salir…

Con Bea tengo más suerte: el primero que le pruebo que fue el primero que le quité a su hermana, le está bien. Como está más flacuchilla… Pero no tengo la misma suerte con las sandalias. Le pongo unas nuevecitas, relucientes, que le compré el otro día, y parece que le aprietan un poco, porque se queja mucho (vamos, en su línea de esa tarde…), así que al final le pongo los zapatos rojos.

¡¡Bien!! ¡¡¡Dos menos!!! ¡¡Y solo me has costado poner cuatro vestidos y tres zapatos!! A ver la hora: las siete menos veinte. Ya vamos mal. Las marionetas empiezan a las siete y media…

Le doy a Julia el vestido que quiere de su armario y llamo a Juangui para que venga, que sigue viendo la tele. Ni me contesta. Lo normal. Voy a por él y lo traigo al cuarto poco menos que a rastras. Mientras le busco su ropa en el armario le digo que se vaya quitando la camiseta y el pantalón que lleva puesto. ¡¡¡Jaaaaaaaaaaa!!! Le cambio yo la camiseta y el pantalón y le digo que por lo menos se ponga los calcetines. ¡¡¡Y es que ni eso!!!! Acabo de decidir que este verano voy a dedicarlo a conseguir que mi hijo aprenda a vestirse. ¡¡¡Esto no puede ser!!!

Me llama Ismael (menos mal, estaba aburrida) para preguntarme si he salido ya de casa. A mi no me hace falta ni contestarle para decirle en qué estado de nervios estoy, pues detrás de mi solo se escuchan lloros de niños: Lucía se acaba de resbalar y se ha dado con el tirador de un cajón en la cara, Bea también está gritando porque quiere algo que Julia no le da y Juangui protesta porque no sabe cómo hay que ponerse los calcetines.

Le cuelgo y al final, claudico con el niño porque como siga así no llegamos ni para cuando cierren. Sí, Súper Nanny, ya sé que lo hago fatal, pero a ver cómo…

Por fin, me arreglo yo en dos minutos, subo a las pequeñas al carrito y logramos salir a la calle: las siete y veinte. 

Al final de la carrera de la Virgen nos encontramos con papi, ¡qué alegría! Y seguimos camino de Birrambla. Conseguimos sentarnos en las últimas filas, junto a nuestros amigos Rafilla y María (y María madre) y ahora resulta que el teatro se escucha fatal, no se entera uno de nada. 

Y Juangui empieza a preguntarme: 

 -         ¿Qué está diciendo esa princesa, mami? ¿Y ese señor? ¿ahora va a sacar una espada? ¿ por qué habla ese árbol? ¿y por qué mueve los ojos? Y la nariz, ¿por qué se le mueve? Pero si es de plástico… Y ahora ¿por qué sale esa bruja?, y ¿por qué es más grande que los otros muñecos? Y ¿se va a hacer de noche ahí? ¿y luego cómo se van los muñecos de ahí, mami? Y ¿cómo se salen? ¿y el teatro cómo se quita de ahí? ¿y qué señores son los que los quitan??? ¿son los arregladores?? ¿y por qué tiene la mano tiesa esa muñeca y hace todo el rato así y así y así????

Sinceramente, yo no sé si este niño será muy listo o no, pero desde luego estoy segura de que por FALTA DE INFORMACIÓN no será!!!!


Mientras, a las gemelas, les hemos dado unos gusanitos, y están ellas tan ricamente, entre nuestras piernas, recogiendo los que se caen al suelo, como es su costumbre. 

Al poco, como no se oye nada, nos vamos de ahí y subimos a los niños mayores a un tiovivo ecológico, que lo mueve un señor pedaleando.


A todo esto, Isma me acaba de decir que esta noche tiene cena con su ex jefe. Que han quedado a las nueve.

-         Pues qué bien, solo te queda media hora para llegar a casa, preparar la cena, ponerles el pijama (hoy no hay ducha), acostarlos e irte tú al Paseo de los Tristes. Lo veo justillo, pero bien…

-         ¡¡Pues vamos!!! 



Eso, no tenía yo ya en el cuerpo suficiente estrés, que ahora tengo que irme corriendo para que mi amantísimo se vaya de parrand... digooooo, de gestión externa… ¡¡¡YO DE MAYOR QUIERO SER MARIDO!!!

Y lo conseguimos. Conseguimos recorrer dos kilómetros en hora y media. Comme ci comme ça con los maratonistas. Claro, que tan solo nos hemos parado unas cinco veces a comprarles helados a los niños, írselos dando, quitarles las manchas de la boca, quitarles las manchas de las camisetas, descansar un poco, saludar a alguien, etc., etc…



A Ismael casi le da algo y no hace más que decir que cómo podemos ser tan lentos... Y no entiendo por qué me mira con cara de asesino cuando le sugiero hacer un estudio más detallado del asunto, si tanto le preocupa... 

El caso es que esta tarde, también hay marionetas, y ya son las seis menos cuarto ¡¡¡¡BIEEEENNNN!!!





viernes, 1 de junio de 2012

Un sacrificio como otro cualquiera...


Hasta las patillas me tiemblan del cansancio, ¡Ay! Las cinco y cuarto de la tarde y ningún elemento a la vista… uffffffffff!!! Qué feliz sería si no fuera porque dentro de diez minutos tengo que empezar a levantar niños de la siesta para llevar a Julia al Ballet…¡¡¡halaaaa!!! Todos en comanditaaaa!!! Ahora sí que me tiemblan las canillas nada más que de pensarlo…

¡Cuánto sacrificio hacemos los padres…ayyy!!! Bueno…unos más que otros. Mi amantísimo esposo, sin ir más lejos, seguro que es de los que más, que el pobre muchas veces se tiene que “jinchá” de langostinos por ahí con unos y con otros para que en su casa se puedan comer unas lentejas… eso sí que es sacrificarse por la familia!!! Angelico mío, por ahí tirado por esas calles de Dios, hasta altas horas de la madrugada, de parrand…digoooo, de gestión externa, mientras su mujer está plácidamente en el calor del hogar rodeada de sus pequeñuelos!!

No, si calor sí que hay, oiga, eso sí que es cierto… menos mal que al final sí tuve tiempo la otra noche, de dos a tres de la madrugada, de gestionar lo de los toldos y el otro día me los pusieron… y algo quitan de calor, sí… ¡¡¡Pero no me llevan la niña al Ballet!!! Cómo será la cosa que estuve a punto de ligarme al señor que vino a ponérmelos para… que me cuidara los niños… (se veía muy apañado el hombre, y educado… no le pegaba nada lo de colocar toldos…) Y es que a mi ya se me está quitando la vergüenza para pedir ayuda… Ahora que lo pienso, voy a llamar a una vecina que también lleva a su niña al Ballet para que se lleve a Julia… ea!!! Lo malo es que es la misma madre que el otro día se olvidó de recogérmela…Ummmm… Bueno, como es llevarla, no creo que me la descarríe por la calle, no??? Sí, y luego iré yo a por ella (con toda la jarca, eso sí, pero a una hora más decente).

Con lo fácil y sencillo que sería todo teniendo un  esclavo o una esclava en casa (o en su defecto, uno de cada)… es que sería lo ideal!!  Me ayudaría en todo y estaría en casa las 24 horas: que los niños lloran por las noches, va el esclavo. Que hay que limpiar, lo hace el esclavo. Que hay que recoger a los niños del colegio, se lo dices al esclavo. Que mi maridito y yo queremos salir, el esclavo hace de baby sitter… si es que es ideal de la muerte!!! Sí… ya me estoy imaginando a mí misma…sí…

Sí…¡¡¡pues no tengo yo fe ni náaaaaa!!! Hala!!! A mover el culo, que hay que dar meriendas y bajar a la calle, a dar un paseíto, como el de ayer:

-         ¿Qué queréis de merienda, niños?- craso error de planteamiento de la pregunta.
-         ¡¡¡Nada!!!… - yastamosssssss…
-        ¿Cómo que nada??? Ejemmm, - voy a probar otra vez - niños, ¿¿qué queréis de merienda, yogur de beber o leche con galletas???
-         ¡¡¡Nada!!!… - Eleeeeeeeee, qué razón tiene la Súper Nanny, hay que saber formular correctamente las preguntas… aquí me gustaría verla a ella ahora…
-         Bueno… – ahora voy a probar el método Jelenístico - ¡¡¡Quien no se tome un yogur de beber no viene conmigo a la calle!!! - como si alguno se pudiera quedar en casa solo… afortunadamente todavía no son conscientes de ello.
-         ¡¡¡Jooooooooo!!!!
-         ¡¡¡Eso es lo que hay!!! – ¡¡¡Viva la Hegemonía Maternal!!!

Las gemelas en pleno acto de bebercio


Al final, se lo toman… una cosa menos. Y de postre unos gusanitos (es que se estaban poniendo rancios)…muy nutritivos pues se los toman con todas las mijillas adquiridas del suelo… (cosas que pasan).  
Lucía

¡¡¡¡Ummm, así están más ricos!!!


Las bichis

Ummm, qué ha pasado aquí???

Ahora, a terminar de vestirlos, ponerles los zapatos y peinarlos, para bajar.

Eso ha sido rápido, solo me ha costado una hora y veinte lloros…

-         Mamá, ¿me puedo bajar la bici? – dice Julia.
-         ¿¿¿¿quéeeeeeeee????  - pobrecita, me da pena – bueeeeeno….
-         Y yo???? – dice Juangui. No le puedo decir que no.
-         Bueeeeeeno… - no sé cómo lo voy a hacer!!!

Total, que me veo delante de la puerta del ascensor con cuatro niños y dos bicis. Sabía yo que para algo me tenían que servir tantas horas jugando al Tetris…

Juangui asoma por aquí debajo...

-         ¡¡¡A ver, niños, a comprimirse como os he enseñado!!!
-         ¿Qué dices, mami??? – mi Juangui se lo cree todo, el pobre…
-         Que os metáis en el ascensor…
-         Ahhhh…

El problema es que el ascensor es enano. Y las gemelas tienen tantas ganas de salir a la calle que se meten las primeras, pero tropiezan en el desnivel y empiezan a llorar.

-         Ufffffff, ya me están entrando los sudores…

Por fin las meto en el ascensor, pero ahora se ven solitas y se quieren salir otra vez.

-         Noooooo!!!! Rápido, Julia, bloquéalas con tu bici, que se salen!!!!

Julia, tan obediente, mete su bici en el ascensor, en diagonal, y las deja encerradas en el cuadrante noreste. Bueno, en realidad es un triángulo, pero da igual…

Y ahora Juangui con su triciclo.

El pobre intenta entrar pero como era de esperar, se queda atrancado con el desnivel, la puerta corredera y el pedal de la bici de Julia… (qué raro que sea mi Juangui a quien le pase esto…), o sea, que tengo que hacer uso de mi fuerza hercúlea para subir la parte de atrás del triciclo y encajarla en el ascensor. ¡¡¡milimétrico!!! ¡¡¡genial!!! ¡¡muy bien!!!

¡¡¡Contened la respiración, niños!!!
…Y…esto…ejemmm… muy bonito, pero…ahora yo qué????? ¿¿Dónde me meto yo???? Ni pensar en bajarme por las escaleras, que a estos les da algo!!!! Me meto como puedo, con un pie encima de la rueda del triciclo, otro encima del sillín de la bici y las puertas del ascensor, al cerrarse, me pellizcan el culo (menos mal que no uso botox…). “Solo son seis pisos, solo son seis pisos”, voy pensando para no gritar. Por fin llegamos…. ¡¡¡¡lo sabía!!! Alguien abre la puerta del ascensor bruscamente y por poco no me caigo para atrás de la descompresión súbita (por no hablar de lo innoble de mi postura…). Y… por supuestísimo que es el vecino ese tan interesante, ese que cuando nos ve por la calle sólo saluda a mi marido y a mi ni me mira (qué triste, por diossssss). Ahora sí que va a mirar para otro lado cuando nos crucemos, ay, qué vergogna!!!

-         Buenas tardes… – logro decir como si nada, digo!! – venga niños, para afuera.

Lo de sacar a los niños del ascensor resulta algo casi tan difícil como meterlos. Juangui ya está protestando porque otra vez se ha enganchado en el pedal en la puerta y en el desnivel ¡¡¡cómo es posible???? Lo saco, y luego va Julia. Bueno, intenta salir ella, porque en cuanto hay un resquicio libre, salen disparadas las gemelas. ¡¡¡¡Eeeeehhhh!!! ¿¿ Ahora qué hago??? ¿¿¿Le suelto la puerta en las narices a Julia o salgo a correr detrás de las niñas??? (Y luego decía Hamlet que tenía un dilema…¡¡¡sabrá él lo que es un dilema!!! )

-         ¡¡¡¡Juanguiiiiiiii, cuida de las niñas!!!!  - sí… tan absurdo como un discurso político, lo sé.
-         Sí, mami… - angelico mío.
-         ¡¡¡Corre, Julia, corre, que se escapan!!! – la pobre hace lo que puede.

Al final estamos todos fuera del ascensor. Voy corriendo porque la puerta del portal está abierta. Menos mal que mis niñas no son nada intrépidas y se quedan paradas.

Uffffff, qué estrés… Todavía no he salido a la calle y ya me he arrepentido como siete millones de veces (o más)…

Les cojo las manitas a las peques y vamos a la placeta de detrás del bloque. Allí no hay peligro, que no pasan coches. ¡¡¡no!!! Pero bicis, balonazos, niños corriendo y demás sí, que no sé yo qué tiene más peligro…

Bea se cree que está en un escenario...
Veo a otras mamás que están sentadas tranquilamente tomándose un café en la terraza de la cafetería. ¡¡¡Pues no les tengo ninguna envidia!!! Mírame a mi, qué activa, que no paro ni un segundo y ellas, ahí, tan quietas, tan paradas, tan….¡¡¡tan a gusto!!!

Estoy detrás de las diminutas todo el rato y en cuanto me vuelvo veo que Julia y Juangui han dejado la bici en el suelo y están jugando a otra cosa… ¡¡¡Yo los mato!!! ¡¡¡Ni cinco minutos y ya no quieren más bici!!! ¡¡¡con lo que me ha costado bajarlas!!!
  
No les faltan nada más que los petas...
Inspiro profundamente e intento abstraerme. Y tanto me abstraigo, que no veo a las gemelas!!! ¿¿¿dónde están??? ¡¡¡Aypordiosssss!!!! ¡¡¡Ah, pero si están aquí delante, pegadas a mí!!! Creoquetengoquetranquilizarme…

Total que después de un ratazo grande, grande de, por lo menos, diez minutos, aviso a los niños.

-         Julia, en cinco minutos nos vamossssss!!!!!
-         Valeee…
-         Mamá, nadie quiere jugar conmigo… - ese es Juangui.
-         ¿no, hijo??? ¿¿quieres jugar con aquellos niños que son de tu edad??
-         No…
-         ¿¿¿no??? ¿y con aquél niño que tiene una bici??? También es de tu edad…
-         No…
-         Entonces con quiénnnn… - intento controlarme para no gritarle al niño.
El pensador...
-         Puesssssss, con aquellas niñas…

Miro hacia donde me señala y resulta que “aquellas niñas” tienen por lo menos 12 años y están todo el rato cuchicheándose a la oreja. ¡¡¡Pues no sabe nada el menda!!!

-         Anda, niño, date cuatro vueltas con la bici, (y despéjate) que nos vamos!!!

Hablo dos segundos con la vecina (la que se lleva a Julia al ballet) y me dice:

-         ¡¡¡Con los cuatro!!! ¡¡¡ Qué estrés!!!


Gracias, gracias, eso es lo que necesito, palabras de aliento… Es que has hecho un curso de “Coaching personal”, no??? Se nota, se nota…

En una calle del Bronx...

¡¡¡Ay qué trabajo es trabajar!!!


Total, que entre unas cosas y otras, son ya las ocho de la tarde. ¡¡¡Hala, para arriba!!!

De vuelta
Otra quimera para subir. Y hoy además…. ¡¡¡¡toca baño!!!

¡¡¡NOOOOOOOOOOOO!!!!