lunes, 3 de septiembre de 2012

LA VUELTA (DE TUERCA)






  ¿¿Por qué será que todo parece tan ajeno cuando vuelves a casa después de cuatro semanas fuera de la ciudad, de vacaciones???  Hasta el grifo de la ducha me ha resultado raro, no me acordaba de cómo se abría, ¿Para arriba, para abajo??? Todo parece extraño, raro, impropio. Me pongo a colocar la ropa de las maletas y se me ha olvidado dónde la guardaba. Es un buen momento para recolocarlo todo, sobre todo cuando miro los estantes  del armario y los veo tan desordenados por (seguramente, que no lo recuerdo bien) haberlo revuelto todo para hacer las maletas de ida. Claro, pensaría que no tendría que volver nunca…


Hasta los niños están entusiasmados con sus juguetes (que son exactamente los mismos de siempre) pero hacía un mes que no los veían. Ya me los han sacado todos al salón, en menos de media hora. También las bicicletas y triciclos de la terraza, todo en el salón. ¿No tenéis un “cuarto de los juguetes”? “Pero mami, este es más grande”. ¡¡¡Claro, no te jiba!!! A ver cómo metería yo si no el sofá esquinero, la tele, la mesa, el piano… si os parece trasladamos esto al cuarto de los juguetes, y lo de allí lo traemos al salón.

 Yo voy deshaciendo maletas y pensando para qué me he llevado yo tanta ropa de los niños, total, si al final solo se han puesto dos camisetas y dos pantalones, siempre los mismos… y voy sacando cosas y me doy cuenta de que sí que había echado la cremita del culito, el antiojeras, las pinzas… está claro que son cosas totalmente prescindibles, porque no me han hecho ninguna falta…  

El domingo pre-vuelta es el de reflexión. El de pensar en todo lo que quiero hacer este curso. Cojo el móvil y empiezo a hacer la lista: actualizar el blog (¡vivaaa!), ir a nadar, diseñar una pérgola para Loja, estudiar inglés… y según voy rellenando líneas me doy cuenta de que cuento al día con… emmm… dos horas o así para hacer eso…. O sea, nada de nada, una birria, una piltrafilla de tiempo.  Sobre todo teniendo en cuenta que todo esto o lo hago en mi hora de sobremesa (y me pierdo la siesta que tantica falta me hace) o después de acostar a los niños por la noche (y nada más de pensarlo me tiemblan las patillas de la flojera que me entra). Porque claro, con los niños pululando a mi alrededor en IM-PO-SI-BLE tratar de hacer nada. En cuanto me ven sentada en el ordenador empiezan a pedirme jugar con él, ver fotos, se pelean, me interrumpen… Aparte de que otra de las cosas que me he propuesto es estar con los niños cuando esté con ellos… ¡Toma ya, ahí queda eso! Jeje… Quiero decir que como es material y emocionalmente imposible hacer algo que no sea atenderlos, voy a intentar aprovechar ese tiempo, y hacerlo de “calidad”, como dicen los expertos. No sé cómo me las voy a  arreglar, porque mi tiempo de “calidad” con ellos, sin que sienta que me va a estallar una vena en el cerebro, suele durar unos cinco minutos. O menos. 

¡¡Ooommmmmmmmmmmmhhhhh!! Otra cosa para añadir a la lista. ¡¡No, hacerme budista, no!! Intentar no alterarme tanto, no gritar tanto a los niños, tranquilizarme un poco con ellos… ¡Ay, por diosss! ¡¡¡Súper Nani, ilumíname en tu infinita sabiduría!!! Aunque ahora que lo pienso quizás sería mejor que me iluminara el encantador de perros, así me adecuaría más a la situación… Total, las correíllas para llevar a las peques al parque ya las tengo, y por lo que he visto en los programas de la tele, me parece mejor y más directo cómo se educa a un perro que a un niño. Con los perros no hay tantas corrientes modernas de si tienes que dejar al niño que se exprese (¿con mis paredes y las ceras blandas?), de si no se le puede regañar, de si explicarle todo con pelos y señales… Mira, no tengo ni tanto tiempo, ni tanta paciencia, y si dar órdenes claras y concisas y poner unos límites bien visibles sirve con los perros, seguro que sirve con los niños, que son casi igual de listos.

 En fin, mucha reflexión y muchos propósitos de enmienda, pero mira tú por dónde el primer día de "reentrada" empiezo con mal pie: me levanto una hora tarde y encima cuando llego a la oficina no me acuerdo de la clave del ordenador… ¡¡Chungo te lo veo!!
Pero no me voy a dejar amilanar tan fácilmente. Vengo cargada de energía y mi positivismo me va a durar por lo menos hasta… emmm… ¡¡¡que termine este post!!






2 comentarios:

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    1. Jajaja Qué bueno, ya echaba de menos tus historias!
      Cuando acabes con el encantador de perros me pasas el teléfono que en la obra también me vendría bien...

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